miércoles 25 de noviembre de 2009

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"PUEBLO DE RATAS:
EL MUSICAL"

DE AGUSTÍN MORALES CARVALHO

JUEVES DE NOVIEMBRE Y DICIEMBRE, 18:30 HRS.


Teatro Antonio Caso.

Paseo de la Reforma Norte 650. Entre Ricardo Flores Magón y Eje 2 Norte (Av. Manuel González) Col. Nonoalco Tlatelolco


ADMISIÓN. $150 PESOS

2 X 1 Presentando este mensaje impreso en taquilla.

Estudiantes, profesores y personas de la 3ª edad: $80 Pesos.

PROMOCIÓN PARA GRUPOS:

5 PERSONAS O MÁS PAGAN $70 C/U

PRECIO ESPECIAL PARA REINCIDENTES:

$50 PESOS, presentando en la taquilla un programa de mano o el CD Original de la música de la obra.

jueves 7 de mayo de 2009

Un blues que silva el aire




Vi pasar el aire
amarillo desde los huesos
afluente de faldas
de corbatas exiguas
nimias
procesión de rostros famélicos

Sus muecas de miércoles
no de ceniza

Vi una hilera de instantes
arrojarse al abismo
que a sorbos moja tu nombre
que moja el silencio
que moja la calle

Misma calle
sus cómplices mismos
autistas fratricidas del verbo

Vi los ajados dientes
vi el extremo mismo del tiempo

Aún
desde la burbuja
veo las voces
el aire silva un blues
los minutos saltan al vacío

Teclado afónico
que escupe fruslerías
cubos de hielo fenecen
en féretro de cola

Aún no llegas
tu materia es falacia
simulacro de frases sueltas

Aún veo
pasar los rostros
todo no enuncia
la canción nonata

Fallida promesa

Agustín Morales Carvalho

El alma se me ha vuelto gelatina

Mi voz quiere gritar “fuego” y susurra gotas.

Bajo mi piel la carne se me ha vuelto un embutido; mis pulmones exhalan temerosas liebres; vulgares insectos corren dentro de mis venas.

Quiero liberar mis lágrimas, pero mis ojos orinan con la fuerza de un gato sifilítico.

Quisiera soltar una risotada, burlarme de los hábitos, de los uniformes; pero acabo rezando con ímpetu de solterona y Marchando con júbilo al compás de La Marsellesa.

Por eso he decidido salir a la plaza como un profeta afónico, prevenir a los incrédulos sobre El Fin del Mundo que se acabó hace como tres noches, para que tomen suficiente pasiflorina.

Voy a regalar mis pertenencias a las palomas, mi colección de cuchillos a las parteras y mis libros a los perros que rondan la carnicería. Quiero despojarme de algunos domingos que guardo celosamente en la alacena para los tiempos de austeridad.

Las corbatas se las dejo a las estatuas de rostro solemne. Los poemas los incineré y desinfecté las cenizas con aceite de sándalo. El resto de mis chácharas saldrá volando por la ventana como negras mariposas.

Por último, dejaré la plaza que mis pies plancharon a lo largo de los lustros. Seguiré a la libélula que guíe mis pasos; si es preciso, preguntaré a las lenguas del viento qué camino me puede llevar al cementerio más cercano, o por lo menos, al más económico.

Y por una buena vez, de frente al océano de los instantes, ya desnudos mis huesos, entregaré mis ímpetus finales a la siempre doncella cuyo regazo me aguarda desde tiempos inmensurables, a ella, la siempre pura, la siempre niña, eterna madre silenciosa, cuyo callado beso retumba en la caverna cósmica a través de tiempo y espacio. De espacio y tiempo.

Despacio; despacio.


Agustín Morales Carvalho